De Torremolinos y su alcalde feudal

Nunca os he hablado de la tierra en la que me crié. Arriba en la cabecera del blog tenéis 2 cosas que me definen: Málaga y el patinaje (ahora aparece una imagen de la Plaza de la Nogalera, cambio de diseño del blog XD). Me definen muchas más cosas, pero en el momento en que abrí este blog esas eran las principales cosas que tenía en mi vida.

Pero no quiero hablaros de Málaga, sino de Torremolinos. Dónde crecí, viví y pasé los casi 18 primeros años de mi vida antes de mudarme a Granada para realizar la carrera. De Torremolinos y de su alcalde, Pedro Fernández Montes. Cualquiera que escuche o vea la palabra Torremolinos seguramente piense en 2 cosas: guiris y gays. Las 2 con g curiosamente, aunque poco tiene que ver esto con la entrada que nos ocupa.

Torremolinos tuvo su gran auge en los años 60/70. Era un importante motor económico de la costa del sol. Grandes celebridades venían a veranear y pasear palmito por nuestras calles, desde que se abriera por primera vez el 15 de  Abril de 1973 el Hotel Cervantes en un humilde pueblo de pescadores o nuestro paseo marítimo el 17 de Julio del mismo año. Sin olvidar el Hotel Pez Espada, el primer hotel de Lujo de Torremolinos, el 31 de  Mayo de 1959.


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Estos son 2 acontecimientos importantes para nuestro pueblo, pero no los únicos. En esa época se abrieron multitud de hoteles, se acondicionó el centro (calle San Miguel, Centro Comercial Entreplazas…) para hacer de Torremolinos el principal motor turístico, no solo de España, sino de toda Europa.

Y hablar de la historia de Torremolinos es también hablar de la historia misma de la comunidad LGTB Española y Europea. Aquí se abrió el 1 de Septiembre 1962 el Tony’s Bar, el primer local de ambiente de España. Decir cabe que el régimen franquista hacia la vista gorda en Torremolinos porque en aquella época  le salía rentable. Fuimos capital de la liberación sexual en una época en la que estaba censurado enseñar más allá de los tobillos. Hasta la gran redada del verano del 71, donde se detuvieron a numerosas personas del colectivo LGTB principalmente en el pasaje de Begoña. La dictadura tuvo ahí su razón para poner en orden este pueblo que se salía de lo moral y lo estrictamente permisible.

Pero no vengo a daros una clase de historia, aunque si bien es cierto que es importante conocerla, y saber,  sobre todo, que desde esa redada del 71 Torremolinos ya no fue lo mismo. Con la expulsión de los homosexuales no españoles y la detención de los nacionales, Torremolinos perdió mucho más que un ambiente de libertad y libertinaje. Se nos rompió el turismo del que tanto alardeábamos, y perdimos, con esa represión injustificada, gran parte del turismo que venia a vaciar sus bolsillos para llenar nuestras arcas.

Si bien es cierto que a principio de los 80 Torremolinos vuelve a recuperar un poco ese ambiente libertino y libre, ya nunca vuelve a ser el Torremolinos de oro de los 60.

Ni lo vuelve a ser, ni lo necesita. Y aquí es a donde quería llegar con esta entrada. Torremolinos vive anclada en una época dorada de la que solo queda herrumbre. Entre el alcalde, Pedro Fernández Montes, y la ACET, la evolución normal y necesaria que este pueblo debió haber seguido está paralizada. Desde nuestra independencia en 1988 de Málaga hemos tenido solamente 2 alcaldes, en casi 30 años años como municipio independiente. Miguel Escalona Quesada, del PSOE-A,  que lo fue desde 1988 hasta  1995, y  el actual Pedro Fernández Montes, que va  a cumplir 20 años en su trono.

De puertas para afuera somos el destino turístico preferido de los catetos de Europa. Somos el low cost de las vacaciones extranjeras. Y eso no hace sino dañar más nuestra imagen. Tenemos un centro viejo, vacio, con tiendas de souvenir donde aún vendemos esa gitanilla para la  tele, o esas postales de gitanas en relieve.

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Pero este ayuntamiento no solo entorpece el desarrollo de Torremolinos como la capital del turismo europeo que merece ser, sino que también se dedica a fastidiar a los que somos autóctonos de esta ciudad. A los que vivimos día a día por estas calles, a los que la disfrutamos, no solo en verano y al solecito, sino en invierno y con su lluvia. Todo esto viene a que el cacique que tenemos como Alcalde decidió prohibir el patinaje en el paseo marítimo de tan alegre ciudad.

Un deporte sano, al que día a día se unen más y más Torremolinenses, de todas las edades. Que quieren disfrutar de las vistas de unas playas magnificas mientras practican algo tan saludable como el patinaje. Es emocionante ponerte tus patines y llegar al paseo marítimo para encontrarte con numerosas personas compartiendo tu misma aficción. Hasta hay un pequeño club de patinaje que sale a patinar juntos de vez en cuando. Pero nuestro señor feudal quiere acabar con eso. Quiere que su paseo marítimo sea solamente para los extranjeros en verano, y para nadie en invierno. Que si queremos patinar nos vayamos a un recinto, pequeño y mal habilitado, en la “villa” deportiva (válgase el eufemismo) de la ciudad. Privarnos de nuestra ciudad a los que pagamos nuestros impuestos para que él pueda salir de bares, con esas mujeres despampanantes con las que intenta ocultar que el es uno más del ambiente tan famoso del centro de Torremolinos, actitud con la que, desde mi punto de vista, insulta a los miembros del colectivo que tiene esta ciudad.

La presión pública hizo que se modificase y se habilitase un carril bici también para patines (en línea) y monopatines. Aunque la existencia de este carril es una arma de doble filo, pues continuamente es  invadido por los peatones, y si te pillan fuera del mismo, por intentar esquivarles te pueden penalizar con multas de hasta 15mil euros (explicadme como se justifica).

Torremolinos, envejecida y abandonada, está siendo víctima de un alcalde y una asociación que quiere enfatizar ese aspecto triste y lamentable. Hacer de este municipio un municipio anciano y desgastado. Del que solo buscan sacar dinero para poderse jubilar en cualquier otra ciudad que no este destrozada, ya que de Torremolinos poco quedará entonces.

Y a los jóvenes que aun creemos que otro Torremolinos es posible solo nos queda el derecho al pataleo e intentar, hasta ahora en vano, hacer cambios por tener una ciudad de la que sentirnos orgullosos. Por tener nuestro propio Torremolinos de Oro, pero adaptado a los tiempos que corren. Para los pocos que aun queremos que Torremolinos brille con luz propia.

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